Industrial · Domiatek
Automatiza procesos, mejora tu producción y encuentra soluciones técnicas adaptadas a tu empresa.
¿Hay tareas en tu proceso de producción que podrían hacerse de forma más sencilla, rápida o fiable? ¿Necesitas una solución técnica que no encuentras en un producto estándar?
En Domiatek combinamos ingeniería industrial, automatización y desarrollo tecnológico para ayudarte a resolver retos concretos. Estudiamos cómo trabajas, entendemos qué necesitas y diseñamos una solución adaptada a tu instalación y a tus objetivos.
Trabajamos contigo durante el proyecto, desde el análisis inicial hasta la propuesta técnica, buscando soluciones prácticas que aporten mejoras reales y que tengan sentido para tu empresa.
Detrás de cada proyecto hay conocimientos técnicos y experiencia en ingeniería electrónica, automatización industrial y mejora continua. Combinamos estas áreas con el desarrollo de sistemas embebidos, arquitecturas de control y robótica para abordar proyectos que necesitan una solución específica.
Trabajamos con metodologías como 5S, SMED, TPM y Kanban, además de tecnologías de control y desarrollo electrónico. Así podemos valorar cada reto desde distintas perspectivas y diseñar soluciones que respondan a las necesidades reales de tu instalación.
Explícanos qué necesitas resolver, qué te gustaría automatizar o dónde crees que tu empresa podría trabajar mejor. Estudiaremos el proyecto contigo y te explicaremos las posibles soluciones, su viabilidad y los costes que habría que valorar.
Queremos ayudarte a tomar una decisión con información clara. Y si la propuesta no resulta viable o la inversión no compensa, también te lo diremos.
Las instalaciones y la ingeniería, en Alicante y Murcia. Ahí vamos, lo vemos y lo hacemos: instalaciones eléctricas, domótica, boletines y trámites e ingeniería industrial.
No ponemos un radio fijo. Si estás más lejos, pregunta igualmente: en un proyecto industrial o una instalación completa, el desplazamiento suele compensar.
El ahorro energético y el software a medida no tienen zona: se hacen en remoto y trabajamos con hogares y empresas de toda España.
Son dos vías alternativas, nunca las dos a la vez. Lo que decide es la potencia y el tipo de instalación, y lo fija la ITC-BT-04 del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión.
Hace falta proyecto, firmado por técnico titulado competente, en los casos que marca el reglamento. Los que más se ven:
| Instalación | Desde |
|---|---|
| Industrias en general | más de 20 kW |
| Locales húmedos, polvorientos o con riesgo de corrosión | más de 10 kW |
| Viviendas unifamiliares | más de 50 kW |
| Edificios de viviendas, comercios y oficinas | más de 100 kW por caja general |
| Alumbrado exterior · piscinas y fuentes | más de 5 kW |
| Pública concurrencia · quirófanos · riesgo de incendio | siempre |
| Aparcamientos con ventilación forzada | siempre |
| Aparcamientos con ventilación natural | más de 5 plazas |
| Recarga de vehículo eléctrico | más de 50 kW, o 10 kW en exterior |
Todo lo demás va con Memoria Técnica de Diseño, que puede firmar la empresa instaladora. Eso cubre la práctica totalidad de las viviendas y de los pequeños comercios.
Dos detalles que suelen pillar a contrapié: si una instalación encaja en varios grupos, se aplica el criterio más exigente; y una instalación que ya tuvo proyecto solo necesita uno nuevo si las ampliaciones superan el 50 % de la potencia del proyecto anterior.
Te decimos cuál es tu caso antes de empezar, porque cambia el plazo y el coste.
Fuente: ITC-BT-04, apartados 3 y 4
No depende de cuántos seáis, sino de cuántas veces se repite lo que hacéis.
La pregunta útil no es «¿soy lo bastante grande?», sino: ¿hay una tarea que se repite muchas veces al día, siempre igual, y que cuando sale mal cuesta dinero? Si la respuesta es sí, probablemente compense, aunque seáis cinco personas. Si lo que hay es mucha variedad y poco volumen, muchas veces lo que compensa es ordenar el proceso antes de automatizar nada.
Por eso lo primero que hacemos es mirar, medir y echar la cuenta. Y si la inversión no compensa, te lo decimos. Preferimos perder un proyecto que venderte una máquina que vas a amortizar en quince años.
Sí: diseñamos, programamos y ponemos en marcha células robotizadas y automatismos. Robots industriales, robots colaborativos y manipuladores para carga y descarga de máquina, paletizado, montaje o control de calidad.
Lo que no hacemos es vender un robot porque sí. Un robot resuelve bien una tarea repetitiva, estable y bien definida; si lo que hay es mucha variedad y poco volumen, a veces compensa más un automatismo sencillo o reorganizar el puesto. Primero medimos y echamos la cuenta, y después te decimos qué tecnología encaja, con su coste y su plazo de amortización.
Nos ocupamos de todo el proyecto: la selección del robot y los útiles, la programación, la seguridad —vallado, escáneres, paradas de emergencia y marcado CE del conjunto— y la formación de quien lo va a usar cada día.
Son cuatro herramientas de mejora continua. Suenan a consultoría, pero cada una resuelve un problema muy concreto:
5S — que cada cosa esté en su sitio. Ordenar el puesto de trabajo para que nadie pierda tiempo buscando una herramienta ni se trabaje entre trastos. Es lo primero y lo más barato, y lo que más se nota.
SMED — cambiar de producto en menos tiempo. Reducir lo que tarda una máquina en pasar de hacer una cosa a hacer otra. Si un cambio de formato tarda dos horas, se hacen lotes grandes por obligación; si tarda diez minutos, se puede producir lo que hace falta cuando hace falta.
TPM — que la máquina no se pare cuando no toca. Mantenimiento planificado y hecho en parte por quien usa la máquina, en vez de esperar a que se rompa. Una avería imprevista cuesta mucho más que la revisión que la habría evitado.
Kanban — producir lo que se consume, no lo que se supone. Un sistema visual donde reponer se dispara al consumir, no al calendario. Evita almacenes llenos de lo que no se vende y faltas de lo que sí.
No hace falta aplicarlas todas ni en orden. Se mira qué duele y se empieza por ahí.
Para una primera valoración, con poco nos vale: qué proceso te duele y por qué —cuánto tiempo se lleva, cuántos errores genera, qué pasa cuando sale mal—, cuántas veces se repite al día o por turno, quién lo hace ahora y cuánto le ocupa, y una foto o un vídeo del puesto si se puede. Vale más que tres páginas de descripción.
Con eso te decimos si tiene sentido seguir y en qué orden de magnitud nos movemos. Lo que no hacemos es dar un precio sin haberlo visto.
Si seguimos adelante, entonces sí pedimos lo de verdad: planos si los hay, datos de producción, tiempos medidos y una visita. Pero eso ya es el estudio, no la primera conversación.
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